Autora: Adriana Velásquez
Las comunidades no solo enfrentan desafíos, sino que también desarrollan diversas estrategias para adaptarse y superar períodos de crisis. Este proceso se conoce como resiliencia comunitaria: la capacidad de una comunidad para reorganizarse, aprender de la experiencia y fortalecerse ante situaciones adversas. La pandemia de la COVID-19 puso a prueba estas capacidades en múltiples niveles, evidenciando tanto las vulnerabilidades como las fortalezas de diversos sectores de la sociedad.
Para comprender mejor este fenómeno, conversamos con el Dr. Jorge Vargas Florez, coordinador del estudio "Análisis de los factores de la resiliencia comunitaria en la PUCP, frente a la emergencia sanitaria por la COVID-19". En esta entrevista, el Dr. Vargas nos comparte sus hallazgos y reflexiones sobre cómo las comunidades han respondido a la crisis sanitaria y qué aprendizajes podemos extraer para el futuro.
El objetivo del trabajo de investigación es poder identificar los factores que explican cómo es que se logra tener una resiliencia comunitaria en la universidad, vista esta como una organización compleja que se explica por diversos factores que son causales de que haya mejor o menor preparación frente a una disrupción como en el escenario de la emergencia sanitaria que hemos vivido producto de la pandemia.
La resiliencia permite que el agente en estudio pueda poder recuperarse de un evento disruptor. Para una persona, esto podría significar, por ejemplo, recuperarse de una enfermedad o un accidente de tránsito. Para una comunidad universitaria como la PUCP, que tiene estudiantes, profesores, administrativos y trabajadores, la resiliencia debe analizarse desde los diversos factores que la componen.
La universidad es un sistema complejo donde se pueden encontrar aspectos físicos y conductuales que explicarían por qué estamos o no estamos mejor preparados frente a disrupciones como comunidad.
Hablamos de una canasta de múltiples elementos que pueden explicar la relación entre los factores que determinan el nivel de resiliencia de la organización. Algunos están asociados a los recursos que posee la institución, tanto físicos como estructurales; otros tienen que ver con la manera en que estos recursos se organizan dentro de procesos sistémicos para reaccionar de manera equilibrada y ágil ante eventos disruptivos. También están los factores relacionados con las personas que conforman la comunidad y su nivel de preparación. En este sentido, consideramos distintos aspectos: desde la infraestructura física de los edificios y los sistemas de emergencia, hasta los procesos de control y monitoreo de riesgos que afectan a estudiantes, administrativos y trabajadores, así como sus propias creencias y percepciones.
Toda esta variedad de factores son muchos en realidad. Estamos hablando de tranquilamente por encima de 50 a 70 factores. Algunos influyen más que otros y explican por lo tanto la capacidad de resiliencia. Para determinar cuáles son los más relevantes, utilizamos el Análisis de Componentes Principales (ACP), una metodología estadística que nos permite establecer la relación causal entre los factores y sus consecuencias. Esto ayuda a la PUCP a enfocar mejor sus estrategias de gobernanza y optimizar el uso de sus recursos.
Hemos encontrado, a partir de la revisión de la literatura para el marco conceptual del modelo, que muchos de los factores están estrechamente relacionados con las redes preestablecidas dentro de la comunidad universitaria. ¿Qué significa esto? Va a ser un estudiante mejor preparado a una disrupción, uno que tenga redes sociales que escapan a la responsabilidad académica frente a otro que no lo tenga.
Por ejemplo, quienes participan en actividades deportivas, culturales, familiares o de esparcimiento tienen mayores recursos para enfrentar situaciones adversas. ¿Y cuál es el papel que juega la universidad frente a ese escenario? Bueno, el estudiante pasa gran parte de su tiempo en la universidad y participa en diversas actividades. La PUCP promueve la participación en actividades culturales, deportivas y de esparcimiento, pero el problema es que esta promoción no es masiva. Más bien –y esto es una hipótesis– su alcance sigue siendo limitado, lo que influye indirectamente en la capacidad de respuesta de los estudiantes y en sus posibilidades de encontrar más opciones frente a una disrupción.
Estudios previos han demostrado que quienes carecían de estas redes de apoyo tuvieron un mayor impacto negativo en su rendimiento académico y bienestar general durante la pandemia. La hipótesis es que la universidad actúa como un facilitador en la construcción de estos vínculos, pero si su promoción no es suficiente, se generan brechas que es necesario atender.
Cualquier organización está compuesta por un conjunto de individuos, cada uno con diferentes roles, historias, creencias e imaginarios. Este desarrollo individual y comunitario permite que, como grupo, se generen respuestas frente a eventos disruptivos.
Si trasladamos esta idea a una empresa, un club deportivo, un grupo de vecinos, un distrito o incluso un país, podemos entender por qué algunos logran recuperarse de grandes crisis, como catástrofes, guerras o crisis económicas y sociales, mientras que otros no. La diferencia radica en la capacidad de fortalecer estas redes, que son clave para afrontar y superar las adversidades.
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Pulso PUCP está aplicando la encuesta de Resiliencia Organizacional de la PUCP, y su participación es fundamental. Si recibió el correo, le invitamos a completarla, ya que sus respuestas contribuirán a una mejor toma de decisiones ante futuros desafíos.
La encuesta tiene una duración aproximada de 15 minutos y estará disponible hasta el viernes 28 de febrero.