El Grupo de Investigación en Estudios de Género y Pulso PUCP elaboraron un informe sobre los mitos del amor romántico y su relación con la tolerancia a la violencia.
Autora: Adriana Velásquez
“El amor todo lo perdona”, “lo dejaría todo por amor”, “si me cela, me quiere” son frases que se han idealizado a lo largo del tiempo, moldeando la forma en que las personas construyen sus relaciones amorosas. Sin embargo, muchas de estas creencias pueden justificar o minimizar dinámicas de violencia, sobre todo en los vínculos sexoafectivos de los y las jóvenes.
El estudio Amor y violencia: Las implicancias del amor romántico y las redes sociales en la violencia de género explora cómo estos mitos influyen en la tolerancia a la violencia en parejas jóvenes. A partir de una encuesta aplicada a 1385 estudiantes universitarios de la PUCP, la investigación revela que conductas como el control y la manipulación son ampliamente aceptadas dentro de las relaciones, camuflándose como expresiones de afecto.
Para conocer más de este informe, conversamos con Katherine Sarmiento, socióloga e investigadora de Pulso PUCP, para reflexionar sobre la importancia de desmontar estas creencias para fomentar relaciones más equitativas y saludables.
Este estudio es relevante en el marco del 8M, porque evidencia que la violencia de género no tiene que tomar una forma tan evidente o extrema para recién considerarse violencia, sino que incluye estas otras conductas a veces más sutiles y difíciles de detectar. Sin embargo, son conductas de control o de abuso que generan severos impactos sobre las víctimas.
En relación a los hallazgos claves, el estudio muestra que los jóvenes universitarios presentan altos niveles de tolerancia a la violencia en sus relaciones sexoafectivas. Aproximadamente dos de cada tres jóvenes universitarios toleraría o perdonaría al menos una vez que sus parejas cometan alguna conducta de control sobre ellos o ellas, como monitorear su actividad en línea o revisar su celular sin consentimiento. Otro hallazgo clave es que, en la mayoría de casos, la tolerancia es mucho más alta entre los hombres. Esto nos ha llamado bastante la atención pues muestra que muchas de estas manifestaciones pueden incluso no ser consideradas como una conducta violenta. Esta alta aceptación de la violencia en relaciones sexoafectivas está vinculada también a la aceptación de mitos sobre el amor romántico, como por ejemplo la idea de que existe una media naranja, de que hay una persona predestinada para cada quien, de que los celos son una señal de amor.
En parte tiene que ver con que la violencia psicológica no te deja marcas visibles en el cuerpo, como puede ocurrir en el caso de la violencia física o la violencia sexual. Muchas de estas conductas violentas como el control, la manipulación o el abuso verbal a menudo no se perciben como violencia y se normalizan dentro de la relación, por ejemplo, revisar el celular de la pareja sin consentimiento o controlar con quién se relaciona. Sin embargo, esas conductas, aunque parezcan sutiles o de menor severidad, pueden escalar hacia formas de violencia más graves. Además, generan daños significativos a corto, mediano y largo plazo, afectando la salud mental, el bienestar emocional e incluso el desempeño académico o laboral.
Es importante que las universidades y los centros educativos reconozcan que las relaciones sexo-afectivas hacen parte de la experiencia estudiantil. Los y las jóvenes universitarios lidian con sus vínculos sexoafectivos a la par de sus actividades académicas. Por tanto, la violencia que ocurre en estos vínculos impacta en su bienestar emocional, su salud mental y en el rendimiento académico. En esa línea es clave que los esfuerzos de prevención trabajen en cuestionar estos mitos sobre el amor romántico, en hablar de consentimiento de manera más abierta y en cómo desarrollar habilidades para poder identificar señales de alerta o red flags. El amor no debería sentirse como miedo o sufrimiento, todo lo contrario. Por eso, transformar los mitos sobre el amor romántico es súper importante para poder tener relaciones sexoafectivas mucho más sanas, equitativas y felices.
El control en las relaciones muchas veces se disfraza de afecto o cuidado, como cuando se limita el contacto con otras personas o se pide la ubicación de la pareja, eso depende también del contexto, pero en ocasiones puede tener un carácter de control. Para desmontar estas creencias,hay que desmitificar que el control solo es dañino cuando es agresivo, ya que muchas veces se presenta de manera sutil. Esto pasa porque se empaquetan en discursos de amor romántico. Necesitamos salir un poco de ese ideal y poder hablar más abiertamente de consentimiento y equidad, y cuestionar los roles de género tradicionales. Estos esfuerzos no dependen únicamente de los y las jóvenes, sino que requiere una actuación conjunta de las universidades, escuelas y el Estado, reconociendo la violencia en el noviazgo como un problema que va más allá del matrimonio o la convivencia. Por ello, es necesario trabajar en estrategias de prevención primaria que deconstruyan estos ideales del amor romántico y las normas y estereotipos de género.
Para conocer más sobre la idealización del amor romántico en jóvenes universitarios te invitamos a leer el informe ¿Cuánto perdonan los y las jóvenes por amor?: Mitos sobre el amor romántico y tolerancia a la violencia en relaciones sexoafectivas.