
Autora: Adriana Velásquez
El futuro tecnológico del Perú hacia el 2050 dependerá no solo de los avances científicos, sino también de las políticas públicas, la infraestructura y la conexión entre las universidades y las empresas. En el estudio Prospectiva del futuro tecnológico del Perú hacia el 2050, se exploran distintos escenarios que podrían marcar el desarrollo tecnológico del país.
Conversamos con Billy Gonzáles, investigador de este estudio, sobre los principales hallazgos, los desafíos del ecosistema de innovación peruano y las oportunidades para quienes buscan desarrollar ciencia y tecnología desde el país.
El objetivo de este estudio fue explorar futuros o escenarios, así como los drivers o factores de cambio que permitirían que el futuro tecnológico del Perú sea mejor.
En ese sentido, por ejemplo, desarrollar materiales o recursos científicos puede tardar diez años. Construir componentes tecnológicos o toda una infraestructura podría tomar unos 15 o 20 años. Entonces esos tiempos no son los mismos que el tiempo de las políticas. Necesitamos anticiparnos con políticas desde ahora para que puedan tener un efecto positivo en el futuro.
Entonces, la prospectiva no es adivinar, sino más bien tener un margen para planificar correctamente y pensar en un escenario meta que deseamos construir.
El principal hallazgo que me sorprendió fue que el futuro del Perú no está determinado por la tecnología que tengamos ahora, sino más bien por otro tipo de drivers u otros tipos de factores.
Por ejemplo, la capacidad científica, digamos también los recursos humanos calificados y la infraestructura que tenemos actualmente. Todos esos drivers no son tecnológicos, sino que, son drivers que en verdad se manejan bajo la política pública.
Por ejemplo, incentivar que haya más doctores viene desde impulsar a las universidades mediante políticas públicas para que desarrollen todo un camino de investigación. Crear parques tecnológicos también tiene que ver con el marco político, con que haya voluntad política para que se puedan desarrollar parques tecnológicos y puedan conversar con las empresas para desarrollar esas infraestructuras.
Todo eso tiene que ver con drivers que están dentro de la voluntad política, más que dentro del aumento tecnológico, que casi es externo, porque viene desarrollándose más que todo a nivel internacional y nosotros vamos adaptando.
Esos cuatro escenarios se desarrollan a partir de la intersección de dos ejes de incertidumbre. El primer eje habla acerca de si tenemos dónde y con qué investigar, osea si tenemos infraestructura. Y el otro eje habla acerca de quién está convirtiendo ese conocimiento en innovación; o sea, cómo es que estamos trasladando el conocimiento que se crea en las universidades hacia la innovación que va a llegar a las empresas.
Entonces son esos 2 ejes, el detalle está en que al momento de cruzar esos dos ejes se crean esos cuatro escenarios. El primero es Sinergia innovadora: tenemos muy buena infraestructura y, además, las universidades están colaborando con las empresas para desarrollarse en innovación. Ese es el escenario más probable, el más esperado.
También hay un escenario, el de Desconexión, que nos habla acerca de que tenemos laboratorios de primer nivel y muchas publicaciones; otra vez las universidades están haciendo lo suyo. Sin embargo, la innovación queda atrapada ahí porque no hay esa conexión hacia las empresas. Queda atrapada en el laboratorio.
Lo otro es Brecha tecnológica, donde no tenemos inversión y tampoco hay ese camino hacia las empresas. No tenemos los dos ejes, son negativos; por eso es una brecha tecnológica.
Y el otro es Oasis tecnológico, donde quizás las empresas sí están haciendo cosas, están haciendo patentes por su lado y las universidades están por su lado también. Entonces hay un oasis: están separadas totalmente. Entonces esos son, digamos, los cuatro escenarios que se construyen a partir de esos dos ejes.
El de menor resistencia probablemente sea el de Desconexión, la desconexión del 2050.
Esto porque es mucho más fácil que las universidades estén haciendo lo suyo, pero las empresas no estén captando todo eso que viene de las universidades. Entonces, es mucho más fácil que el Estado impulse políticas públicas para que las universidades comiencen y sigan desarrollando como vienen haciendo hasta el momento. Sigan desarrollando proyectos de investigación y desarrollo tecnológico.
Pero el otro lado de la moneda es, digamos, empresas que no tienen la capacidad de absorber todo ese conocimiento, todo ese desarrollo que proviene de las universidades. ¿Y esto por qué? Porque probablemente estas empresas son pequeñas. En su gran mayoría, nuestro tejido empresarial son empresas pequeñas que no tienen áreas de I+D; para empezar. Entonces, es muy difícil poder asociarnos con universidades y tomar ese conocimiento.
Por otro lado, tenemos también investigadores que no tienen los conocimientos sobre transferencias tecnológicas como sí los tienen los gestores tecnológicos. Entonces, tenemos que educar también a los investigadores para que sepan y aprendan a conversar con las empresas, que sepan cómo es este tipo de conversación.
Esto es lo que probablemente va a seguir pasando y por eso es el escenario que finalmente quedó como lo que podría pasar en el Perú al 2050. Ese es el de menor resistencia para el Perú.
Primero, que busquen elegir los problemas donde nosotros tenemos ventajas. Por ejemplo, somos un país minero, agrícola, ganadero, agroforestal, agropecuario y pesquero. Entonces, busquemos ahí donde tenemos ventajas y ahí podemos comenzar a desarrollar nuestra investigación, nuestros desarrollos tecnológicos y nuestras innovaciones para hacer más competitivas estas industrias y cadenas de valor que nosotros tenemos como fortalezas.
Lo otro es que, si quieren irse de repente al extranjero a desarrollar sus capacidades para hacer un doctorado, que está muy bien, que lo hagan, pero siempre piensen en la vinculación. Tengo varios colegas de mi promoción de pregrado que han hecho sus doctorados y sus estudios y se han quedado en el extranjero. Pero eso no debería ser una desventaja, sino más bien, si siempre nos vinculamos, esta persona que está en el extranjero se vincula con nosotros y nosotros nos apalancamos de toda esa nueva tecnología y desarrollo que tiene en el extranjero, pues está muy bien que se queden en el extranjero.
Lo último puede ser que se capaciten en la gestión tecnológica, que aprendan todo este tema de TRL, de patentes, propiedad intelectual y transferencia tecnológica, para que puedan conversar con las empresas y convencerlas también de que quieran trabajar con ellos en sus investigaciones.
Entonces, cuanto más temprano aprendan estas cosas, va a ser mucho más fácil que estos investigadores desarrollen investigación orientada a resolver problemas estructurales del tejido empresarial, del tejido social, etc. Y lo otro es que construyan redes: no investiguen solos.
Es una meta proyectada, es una meta que se puede planificar y construir. Para eso se requiere, evidentemente, que distintos actores conversen y revisen también las hojas de ruta, las estrategias, y se convenzan de que son adecuadas para desarrollar todo este futuro que queremos construir.
El foresight o la prospectiva no es adivinar el futuro, sino más bien tener distintos escenarios para construir el que mejor se adapte a nuestra realidad.
Entonces, debemos ir por ese lado. Por lo tanto, es posible construir eso. Sin embargo, para ser realistas y ya con la experiencia del estudio, no lo pondría como un epicentro tecnológico porque es bien difícil competir con México, con Brasil y con otros países de Latinoamérica. Pero podríamos ser más bien un nicho tecnológico en donde somos realmente competitivos.
Bioeconomía, minería; esos son los polos en los que de repente sí podríamos tener ventajas frente a otros países que son más gigantes que nosotros, como México, Chile y Brasil.