La Dra. Mónica Cassaretto, investigadora del equipo Bienestar y Salud Mental en Universidades, explica cómo las pérdidas durante la pandemia y la pospandemia afectaron a la comunidad universitaria, y destaca el papel de las redes de apoyo, los espacios colectivos y el acompañamiento psicológico en los procesos de duelo.

La pandemia y la pospandemia dejaron profundas huellas en la comunidad universitaria, entre ellas, la pérdida de seres queridos y los desafíos que implica afrontar el duelo.
El equipo del proyecto de investigación Duelo, Pérdida y Crecimiento en Universidades, creado en el segundo semestre de 2021, se enfocó en analizar estas experiencias de la comunidad universitaria durante la pandemia y la pospandemia, considerando las altas tasas de mortalidad registradas en nuestro país.
A través de este proyecto, se buscó comprender los factores que influyeron en la vivencia del duelo y generar información que contribuya al desarrollo de estrategias de acompañamiento desde las universidades en situaciones de pérdida similares.
Conversamos con la Dra. Mónica Cassaretto sobre los principales hallazgos del proyecto, la importancia de las redes de apoyo y los desafíos que enfrentan las universidades para promover el bienestar y la salud mental de sus estudiantes.
La pandemia nos afectó a todos de diferentes maneras. Para nosotros, era claro que la población universitaria se vería afectada a múltiples niveles. Queríamos visibilizar la situación que experimentaban los estudiantes, tanto durante la pandemia como después, no solo en relación con la pérdida de seres queridos, sino también con otros impactos que pudieron haber enfrentado.
Además, nuestras investigaciones buscaban generar información que permitiera implementar acciones desde las oficinas de bienestar y que nos ayudara, como comunidad, a transitar por un periodo tan duro como el que vivimos.
Encontramos que el duelo por la pérdida de un ser querido estuvo muy vinculado no solo con las características de la pérdida y quiénes fueron las personas que fallecieron, sino también con aspectos contextuales, como haber experimentado la pérdida de trabajo, dificultades económicas o interrupciones en los proyectos de vida.
Desde el ámbito psicológico, identificamos tres factores importantes. El primero son las creencias que tenemos respecto a la muerte: mientras más rígidas o dogmáticas sean, peor puede ser la experiencia del duelo. Exigirnos vivir la muerte sin dolor, asumir una postura de fortaleza o no evidenciar nuestro sufrimiento impacta negativamente en este proceso.
El segundo factor es contar con fuentes de soporte y otras personas con quienes conversar. Finalmente, debemos entender que afrontar un duelo implica cierto nivel de malestar y que atravesarlo acompañados y rodeados de otras personas puede facilitar este proceso.
Cumplen un rol fundamental, el apoyo social; es decir, contar con la presencia de otros, que te brindan no solamente escucha, apoyo material e información, puede ser clave en los procesos de adaptación.
En este sentido, es importante pensar que las fuentes de apoyo no son solamente la familia cercana, sino que pueden ser los compañeros, y también las propias instituciones. En este caso, la universidad puede convertirse en una fuente importante de apoyo.
Por eso, como parte del trabajo del grupo de investigación, no nos quedamos únicamente en la investigación, sino que también promovimos algunas acciones. Por ejemplo, organizamos junto con la DAES una actividad de memorialización por las pérdidas de COVID-19.
Con el reconocimiento de la comunidad de los espacios de ritualización, lo peor que podemos hacer es ignorar o hacer como si no hubiera pérdida. Y no me refiero solamente a la pérdida de un familiar de un estudiante o la de un familiar de un trabajador.
También hemos tenido pérdidas de trabajadores, tener un espacio como colectivo para despedir a estas personas y compartir nuestro sentir como comunidad ha sido importante. De hecho, la Universidad Católica tiene círculos para estudiantes que han tenido pérdidas de familiares, donde haya personas con pérdidas comunes. Y ni qué decir del acompañamiento individual, que muchas veces puede ser suficiente sin necesidad de que evolucione a más.
Una de las cosas que además nos da este estudio es indicar quiénes son los sujetos de más riesgo para el desarrollo de un duelo que se podría complicar. Aquellos estudiantes que emigran, están solos o han perdido a cuidadores primarios, como sus padres, son de particular riesgo. También aquellos que, económicamente, ellos o sus familiares perdieron el trabajo o los ingresos durante un tiempo.
No solamente debemos ver quién perdió a alguien, sino bajo qué condiciones se ha dado esta pérdida y qué otras pérdidas ha experimentado. Porque la pandemia no solamente nos quitó seres queridos, sino que también nos reajustó mucho la experiencia. Haber perdido un familiar y el trabajo, sumado a otras pérdidas, puede tener un efecto importante.
Tenemos un nuevo proyecto titulado Bienestar y Salud Mental en universidades que busca analizar qué está ocurriendo en los estudiantes, así como qué nuevos perfiles se están gestando. Buscamos que las políticas de bienestar estudiantil estén basadas en evidencia e investigación, y no solamente en la intuición o en lo que señala la bibliografía extranjera, sino también en el conocimiento de lo que ocurre en nuestra propia realidad.
Hemos iniciado un nuevo proceso de investigación que se desarrolla en más de ocho universidades de todo el Perú y que analiza los factores vinculados con la salud mental y el bienestar. Para ello, contamos con una aproximación cualitativa y cuantitativa que nos permite conocer las experiencias que pueden estar detrás de estos resultados.
También hemos ganado un CAP, este proyecto analiza de qué manera la satisfacción académica afecta la salud mental integral de los estudiantes, así como el papel que cumplen el estrés académico y otros factores contextuales.
Dentro de los recursos encontramos el sentido de conectividad, el soporte social y el capital psicológico. Estos son factores importantes que pueden influir en el bienestar frente al estrés académico. Por otro lado, las experiencias de violencia, que son tan importantes y trascendentes en nuestro país, pueden convertirse en obstáculos que trascienden el ámbito universitario, pero que impactan directamente en la salud mental de los estudiantes.